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domingo, 19 de noviembre de 2017

Autumn en escabeche



Parecía que no, pero ya está aquí el frío. ¡Me encanta el otoño! (aunque me trastoque el cambio horario). Pasar más horas en casa hace que tengas que buscar como entretenerte e ingeniártelas para pasar el rato.

Aunque me flipa hacer cualquier tipo de manualidad, parece que siempre tengo que rascar un hueco en el tiempo para poder hacer algo. Me hacen sentir tan bien que como terapia es el recopetín y debería buscar más tiempo para hacer más. Y ya de paso mostraroslas.

Otras veces la inspiración viene sola. Paseas sin rumbo fijo por un bazar y te topas con una caja que normalmente no te fijas tanto. La ves y empieza a hablarte: ¡Hola tu! No soy una caja cualquiera, ¿eh? Mira, si me pones de este modo podrías poner cosas pequeñas dentro. Soy en realidad una vitrina y me encantaría, por una vez, verme bonita. ¿Me llevas a casa y me pones guapa?. Y claro, una vitrina que te habla no te ocurre todos los días, a no ser que seas Emma Watson en La Bella y la Bestia. Así que me la llevé a casa y la pinté con chalk paint mientras cantaba Call me Lady Chalk Paint. La vitrina se quedó flipada con el panorama, como es normal. Pero yo seguí y la decoré con papeles de scrap que tenía por casa y la llené de las más bellas y diminutas criaturas del bosque. Ahora tiene su espacio en casa y está la mar de contenta.

Tengo que sacar más tiempo para hacer cosas, está claro. Porque me da vidilla esto de crear, imagnar, soñar y hacer bellas las cosas cotidianas.  




viernes, 8 de septiembre de 2017

El punto de mierda


Llega septiembre y con él la reentré. Vuelta al trabajo, vuelta al cole y vuelta a las viejas costumbres y a la lista de propósitos que como si fuese 1 de enero nos hacemos. Y con septiembre (y en enero también) nos llegan los coleccionables en los kioscos. No falla ni un año en que no me compre el coleccionable de punto o ganchillo de turno, aunque fuese el mismo que el año anterior. Los que me conocen lo saben, de hecho esta última vez me lo querían impedir, pero sencillamente corrí más rápido. No se cuantas veces más me van a enseñar a hacer el punto bobo pero sí se que tengo agujas del 4 para aburrir.

Hace años, cuando no era tan común recurrir a Youtube para saber como se hacía un punto o arreglar un desaguisado, un coleccionable me salvó la tarde trayendo un dvd donde te explicaban como tejer. Ni que decir tiene que aprendí gracias a él y que pasé una noche con los brazos tan tensos que al día siguiente me dolía el cuello como si me hubiese tragado una percha. La primera muestra fue un desastre pero descubrí que había llegado a un nivel superior al del punto bobo. Había descubierto el punto de mierda.

Llamamos punto de mierda a todo aquel que hacemos cuando estamos aprendiendo. Es una experiencia maravillosa que deberían recomendar hacer al menos una vez en la vida, como plantar un árbol o escribir un libro. El punto de mierda es el claro ejemplo de superación. De saber que tras esa muestra serás una nueva persona, dolorida por la tensión, pero "shiny and new".

La pena del punto de mierda es que solo pasa durante un breve periodo de tiempo. Es como cuando tienes tu primera relación sexual. Entre la torpeza, la tensión y no saber muy bien donde estás metiendo (la aguja) o tirando (de la hebra), al final se queda en un intento. En un trabajo regulero. ¿Pero a que nadie se quiere quedar solo en sea experiencia (la sexual) y seguimos intentando hacerlo mejor? Pues con el punto pasa lo mismo. Por eso siempre quiere uno indagar en nuevos padrones más complicados para ver si nos puede tocar la diosa fortuna y deleitarnos con una nueva labor hecha de punto de mierda. Creedme si os digo que podría hacer una manta llena de muestras nefastas. Por eso recomiendo a todo el mundo que lo intente. Si lo hacer bien habrás conseguido el punto bobo, jersey o garbanzo ("arbanso" para los amigos). Y si lo haces mal, "et voilà", has superado el nivel y descubierto el maravilloso punto de mierda.


domingo, 6 de agosto de 2017

Scrapero y porculero

El sábado pasado fuimos a un bautizo y como está de moda últimamente no faltaba un perejil. Para ser una celebración pequeña tenía una candy bar muy graciosa y sin saber como nos sentamos al lado de la chica que, a modo de regalo a la pequeña, la había creado. Nos dijo que todo era hecho a mano y que ella disfrutaba haciendo esas cosas al llegar a casa del trabajo. En especial me fijé en unos bolsos de fieltro hechos con forma de mariposa para meter dulces y comenté si había usado una troqueladora tipo Big Shot (ya que eran muchos bolsos) y me dio que no, que lo había cortado todo a mano pieza a pieza. Comentó que se sentía relajada haciendo esas cosas y yo sabia muy bien porque.

Mi trabajo final de carrera se centró en el bienestar que nos produce las manualidades y lo enfoqué en el scrapbooking por concretar un poco más. Curiosamente hice una investigación y recapitulé un montón de información desde un punto de vista teórico, pero sin haber llevado nada a la practica (lo se, ¡para que me maten!). Ya que me he puesto al día, tengo que darme la razón a mi mismo en todo lo investigado (lo se, ¡para que me rematen!).

Mi relación con el scrapbooking es muy curiosa. Siempre sido un culo inquieto y me ha gustado hacer muchas cosas por mi mismo. Cuando estudié diseño gráfico, para los trabajos de clase me encantaba usar los packaging más ingeniosos hechos a mano con acabados lo más impecable posible. He de reconocer que tengo un don para los packaging y creo que es gracias a la costura, pero esa es otra historia. La cosa es que tenía un montón de materiales de scrapbook sin saber que eran para eso y cuando vi un video de los imprescindibles para el scrap me dije: "Si no empiezas a hacer scrap es porque no quieres". Y no empecé, es cierto. Más por ser porculero que por ser scrapero.

Pensaba que el scrapbooking estaba muy ligado a poner blondas, flores y barroquismo de papel (que lo está y entre gustos dicen que no hay nada escrito) y eso me tiraba mucho para atrás. Pero uno ve otros estilos, otras formas de entender la afición y le va picando el gusanillo. Sigo siendo muy porculero y no todo me gusta y eso es un sufrir a la hora de escoger un pack de papeles o de die cuts. Pero mira, poco a poco voy haciendo lo que puedo y quiero.

Acordándome de mi compañera de mesa en el bautizo que como yo antes sabía que algo bueno le pasaba cuando hacía manualidades pero no sabe muy bien porque, he pensado en subir mi recopilación completa por si puede ayudar a alguien. Así que aquí la tenéis por si queréis le echéis un ojo y sepáis por que somos tan jodidamente felices cuando hacemos cosas que nos gustan. Sin postureos. Sonrisas de las de verdad. Y en toda la boca.



lunes, 19 de junio de 2017

¡Hola ola!

Empezamos por el principio. Me llamo Javi y soy un malagueño apasionado por las cosas hechas por uno mismo. En mi día a día trabajo como diseñador gráfico y dedico mi tiempo libre a hacer cosas que me apasionan. He aprendido muchas cosas de forma autodidacta, como a coser a mano y a maquina, tejer, hacer amigurumi o ahora que estoy enzarpado con el scrapbook. Pero no todas las manualidades me gustan. No puedo con las fofuchas... ¡Es algo superior a mi mismo!

En su día se creo "Craft en toda la boca!" como una coña entre amigos que al final se acabo convirtiendo en un trabajo personal y un reto. Hoy se muestra como una manera de disfrutar ante lo que nos ofrece la vida y hacer lo que a uno realmente le gusta. Puede que no le guste al resto, pero... ¿Qué demonios?... ¿Te gusta a ti, no?... ¡Pues ya esta! (Otra cosa que no he contado es que suelo tener muy poca vergüenza. Ya lo iréis viendo).